Costumbres funerarias

La vida tiene un defecto… y és que se acaba, que llega un momento en el que todo ser vivo muere, por accidente, enfermedad, o por que toca, lo que se llama comúnmente morirse de viejo, aunque siempre he pensado que nadie se muere de viejo, básicamente el corazón deja de latir, por lo que te mueres de parada cardíaca, osea, de enfermedad…

Este fin de semana he tenido la desgracia de enterrar a mi abuela, con 91 años, que murió el viernes por la noche. Mi última abuela, “la padrina”, una mujer fuerte como no he conocido a ninguna, de la que me contaban que era la única del pueblo que después de la guerra, cobraba por su trabajo en el campo como un hombre, y en esa época, eso era mucho y definía perfectamente el tipo de mujer que era.

El entierro a sido en La Granadella, su pueblo, y me ha chocado las diferencias entre las costumbres de allí y las de Cantallops, o Vilafranca, que son mis otros referentes.

Una de las diferencias es que el pésame te lo dan en la iglesia. Una vez finalizada la misa pasa toda la gente en fila por delante de la familia más directa, los allegados, pero lo curioso es que se hace por orden, primero los de un lado de la iglesia y cuando estos acaban, empiezan los de la otra mitad. También es tradición que uno de los familiares, en este caso le toco a mi hermana mayor, suba a ponerle una vela al santo patrón del pueblo, “El Sant Crist de Gracia” del cual algún día os contaré la tradición del “Desclavament”.

La costumbre que mas me chocó de las que pude notar, fue la de que, una vez se termina la ceremonia, todos se van para sus casa, nadie acude al cementerio. En mi casa, estamos acostumbrados a acompañar al difunto, y despedirnos delante del nicho, como supongo que es tradición en muchos pueblos, pero en La Granadella no, y la prueba es que el cementerio no tiene parking, el camino acaba en la puerta, por lo que aunque quieras, más de 4 coches ya no tienen donde aparcar. Cuando llegamos ya casi habían acabado, y la cara que se les puso fue de extrañeza al vernos llegar a todos fue bastante curiosa.

Todo son costumbres, y esas diferencia me gustan, nos hace culturalmente más ricos, más propios, más grandes… distintos en nuestra igualdad…

ningú es tan vell com per morir-se mentre tingui algú que l´estimi

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